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Corría el año 1985… el último año del colegio. Ya “estabamos” grandes.

El fin de semana llegó y tenemos fiesta. Pero esta vez no era en “La Rinconada” sino en la misma Villa. Raro, pues generalmente las mejores fiestas son allá abajo. Y las chicas mas lindas también viven allá.

Nos encontramos todos a las 7:00 en el parque de La Virreyna. Allí estábamos, al menos eso me parece ahora, alrededor de una banca del parque mirándonos las caras.

– Tenemos que ir preparados
– ¿A ver cuanto tienes tu? Pucha que eso no alcanza para nada. Ta’ mare. Otra vez fallas.
– ¡Yo me pelé unos Tang de mi jato!
– Ya, tú entonces tienes que comprar el trago. La señora de la tienda te conoce además que tienes cara de viejo y pasas piola.

Con las diez lucas reunidas teníamos para una botella de macerado de coco, y un par de botellas del famoso “Cienfuegos”.

– ¿Trajiste las botellas de plástico de la última vez?
– Claro, sino donde mezclamos el Tang con el ron.
– No te olvides de pedir los vasos descartables.
– Ya.
– ¡Y saca voz de hombre!

Risas para darnos ánimos y conseguir el ansiado preparado. Al final no compramos en La Virreyna porque la tía no quizo vendernos y tuvimos que comprar el “El Grifo”. A mi no me hacía gracia porque justo quedaba frente a mi casa.

– ¡El que no colaboró con la chancha que no chupe!
– No seas pe’. Yo me apunto la próxima semana.
– Ta bien, pero un vaso nomás. ¡Siempre gorreas!
– ¿Y los fallos?
– Yo me conseguí estos Ducal.
– Perdiste compare.

Y así nos preparamos… Queda claro que a muchos un par de vasos de ese “preparado” nos ponía lo suficientemente valientes para bailar. Ni lo suficientemente osados para conversar con las flacas. A otros en cambio se nos soltaba la lengua y floreabamos mejor.

Las 10:00, hora de ir a la fiesta. Al llegar nos dimos cuenta que era con luces. Mejor todavía.

Los fanfarrones decíamos que nos levantábamos a tal o cual flaca. Los mas tímidos hicimos un grupo en una esquina oscura para mirar y no ser vistos. Los mas osados entramos con un cigarrillo encendido y tirando humo cual chimenea. Esa noche por fin pude tirar humo por la nariz sin toser de tanto practicar en el parque.

La hora avanza y todavía sin bailar. Bueno, a intentarlo.Porque una vez que arrancabas ya no había que parar.

– Mira, que está con su amiga conversando. Vamos los dos y las sacamos a bailar.
– Esta bien…

Música cortesía de B52s. Legal Tender, Rock Lobster, Private Idaho

– ¿Bailamos la próxima?
– Ok

Al iniciar los primeros compases nuestras miradas se cruzaron. Ya no había marcha atrás. La tome de la cintura torpemente mientras ella ponía sus manos en mis hombros. Sospecho que nuestros corazones latían fuertemente. ¡Una balada! ¡Qué suerte! Porque si en ese momento estabas sin pareja, nadie iba a pedirle a una chica que bailara contigo porque sabías de antemano la respuesta.

La acerqué suavemente a mi. Mi mano derecha tomó a la izquierda en su espalda, mientras sus manos hacían lo mismo alrededor de mi cuello. Solo cuatro parejas quedamos en medio de la sala. Las luces de la cortadora se apagaron y solo quedaron encendidos unos cuantos focos.

– Que bien bailas
– Gracias, tu también
– [silencio]
– [silencio]
– Es la primera vez que mi papá me da permiso para venir con mis amigas.
– No te preocupes, la próxima semana si quieres te voy a buscar.
– No, porque la fiesta es en La Rinconada y a mi papá no le gusta. Me dejo venir porque es a la vuelta de mi casa.
– [silencio]
– [silencio]
– El lunes te acompaño de regreso del colegio ¿quieres?
– [silencio]
– [silencio]

No dijimos nada mas… para que hablar si el momento tenía que ser eterno.

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