Mi recuerdo se remota, no al momento que en que te conocí sino en las historias que me contaba mi madre, sus memorias desde que era una niña.

Y entonces te puedo ver en Trujillo haciéndote cargo de las hermanas mas pequeñas luego de la muerte de la abuela. Te puedo ver camino a Lima, tierra de oportunidades para desarrollar un mejor futuro con mi madre de la mano. Te puedo ver trabajando duro.

Te puedo ver con mamá. Me imagino los consejos que le dabas, y que por una ley de la vida llegaron hasta mis oídos también, pues ella los aprendió bien.

Te imagino en tu matrimonio con Roberto. ¡Qué gran amor! ¡Y de toda una vida! Te imagino también con los primos pequeños, cambiando pañales con amor y ternura.

Y empiezan mis propios recuerdos de la casa en Bellavista. De las visitas sin inicio ni final. De las fiestas de año nuevo. De los paseos a la playa. De tu cabello negro y lacio.

Recuerdos de las veces en que confabulábamos con la prima para que nos quedásemos a dormir en tu casa a fin de seguir con los juegos al día siguiente.

Fue en tu casa donde aprendí a montar bicicleta.
Fue en tu casa también donde aprendí a montar moto.
Fue en tu casa también donde me enamoré.

Fui creciendo pero siempre fuiste parte importante de mi vida… cada vez que podía iba a visitarte. Quizá no tanto como merecías. De las escapadas que me daba cuando trabajaba en la Av. Colonial para ir a almorzar. Y de los malabares que mis visitas causaban en tu cocina. Recuerdo como tu cabello negro fue poniéndose color plata. Recuerdo tu sonrisa siempre dispuesta.

Recuerdo tu dolor cuando Roberto se te adelantó. Recuerdo tu alegría cuando conociste a mis hijos, que eran, como me dijiste un día, en parte tus nietos.

Tu partida me encuentra lejos. Y no puedo despedirme en persona de ti. Y me causa una gran pena y una gran aflicción. Pero Julita… sé que ahora que te reencontraste con tu Roberto, con tus hermanas y hermanos allá en el cielo, estarán haciendo una fiesta grande como las de siempre. Seguro que papá también fue a recogerte al llegar, que él también te tenía gran estima.

Sólo me queda agradecerte porque parte de lo que soy ahora te lo debo a ti. Tía, te voy a extrañar mucho.

Elevo una plegaria por ti… para que nos cuides, para que intercedas en nuestras peticiones ante nuestro Padre celestial. Así como nos cuidabas estando aquí entre nosotros.

Tía Julia… ¡descansa en paz!

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