Miro de nuevo el reloj y sé que acabas de llegar a tu casa.

Entonces me acerco nuevamente al teléfono, pues es martes y te toca llamarme.

¡Riiiiing! ¡Riiiiing! ¡Riiiiing! ¡Riiiiing!

Sé que debo esperar que cuelgues pues ya tuvimos problemas por el recibo telefónico el último mes. En tu casa y en la mía nuestros padres pusieron el grito en el cielo cuando llegó la cuenta a fin de mes.

Marco entonces tu número yo, cuatro timbradas y cuelgo.

Estamos conectados… con ese lazo invisible que traspasa las distancias y que nos marca la sonrisa en el rostro.

Estas pensando en mi tanto como yo pienso en ti.

Acabas de abrir la carta que te escribí ayer, y que te entregué a la salida de clases. Una carta que dice:

Que me gusta tu mirada. Que en tus ojos encuentro paz. Que tus ojos rien contigo. Que el color de tus ojos calienta mi cuerpo.

Que puedo imaginar tu nariz y recorrer el perfil con mi mirada. Que la forma me encanta. Pequeña y un poco respingada.

Que me encantan tus labios. Que me gustan como besan. Que son suaves y saben a dulce miel. Que los besos furtivos en la hora de recreo son los mejores. Que enmarcan tu sonrisa.

Que tus hoyuelos graciosos solo se forman cuando ríes con ese timbre tan tuyo. Y que me encantan acariciar cuando río contigo.

Que me fascinan tus manos. Aquellas que toman las mías mientras caminamos. Manos suaves, uñas cortas. Dedos delgados.

Que tu cabello y la forma en que lo peinas me atraen mucho. Es un color negro duro, profundo. Pero que sin embargo no podrían ser de otro color, porque no serías tu.

Que admiro tu cuello, y que me gusta acariciarlo suavemente. Que me encanta tocarte la nuca cuando llevas en cabello en cola de caballo y jugar con los cabellos que quedan sueltos allí.

Que no olvido nunca las letras de tu nombre. Y que cada letra tiene un poema propio.

Que tu voz suave, es música cuando dices mi nombre.

Que sabes que puedo contar las pecas de tu rostro, cuando alguna vez hemos caminado al sol. Y que juego con ellas, trazando figuras cuando tienes los ojos cerrados para que adivines cual es.

Que sabes que tienes mi corazón en el tuyo.

Sabes que te amo. Y sabes que este amor traspasará los tiempos y las distancias. Y que no importa que ahora tengamos quince años, que será mas grande cuando tengamos veinte, y que será inmenso cuando lleguemos a tener treinta. ¿Te imaginas?

Ya van a dar las siete, y ahora me toca a mi marcar nuevamente:
¡Riiiiing! ¡Riiiiing! ¡Riiiiing! ¡Riiiiing! (Te amo)

y me contestas
¡Riiiiing! ¡Riiiiing! ¡Riiiiing! ¡Riiiiing! (Yo también)

Hasta mañana mi amor…

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