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Esta vez tu recuerdo vino a mi con el aroma de la vainilla… es increíble como un olor puede despertar tantos sentimientos, y transportarte como por encanto a otros tiempos y lugares: a ese preciso momento donde te vi por primera vez.

Paris, XVème arrondisement, Avenue Emile Zola, College Guillaume Apollinaire, 4eme-5. Clase de Repostería. Mademoiselle Dezangles estaba haciendo las presentaciones. Yo era el nuevo, el recién llegado.

Hacía apenas unas horas he conversado con el director y me había comprometido con él a estudiar y terminar los meses que faltaban para cerrar el año haciendo un par de horas mas al día de recuperación en matemáticas y ciencias. Hace apenas unos minutos que me han entregado el horario de estudios y ya me encuentro caminando a mi primera clase. Hace apenas unos segundos te miré a los ojos.

– Je m’appelle César, je suis péruvien…

¿Por qué te causo tanta gracia? Seguro que no lo hacía nada bien de lo nervioso que estaba… y tu sonrisa no hacía las cosas mejores…

Me tocó compartir mesa con Elizabeth -quien dice que prefiere que la llame Isabel- y no contigo que estabas al lado. Después supe que estabas sola ese día porque no había llegado tu compañera, y que Isabel siempre trabajaba sola porque nunca podía completar el postre en clase.

Peras acarameladas. Poires caramélisées… y el olor de vainilla en el aire.

No pasó mucho tiempo para que Isabel y Nathalie se encargaran de escribirme en un papel para que aprendiera lo que había que decir. Y es que declararse en francés y no hacerlo adecuadamente era marchar a la guillotina con un pasaje directo.

– Quand je t’ai connu, je ne savais pas que j’allais t’aimer autant!
– Quand je t’ai connu, je ne savais pas que j’allais t’aimer autant!
– Quand je t’ai connu, je ne savais pas que j’allais t’aimer autant!

¿Qué cómo supieron ellas que andaba enamorado? ¿Sería porque no dejaba de observarte, de mirarte?

Clase de repostería nuevamente. Isabel sagazmente pidió su billet amarillo de licencia y no entró a la clase justo el día que tu compañera, había nuevamente faltado. ¿Para que trabajar separados si podíamos hacerlo juntos?.

– Marie Christine, quand je t’ai connu, je ne savais pas que j’allais t’aimer autant!
– Tais-toi César!
– Mais c’est vrai…
– Tu es fou, mais… je t’aime aussi

y me manchaste la mejilla con harina, sellando un “oui” maravilloso.

Nunca 4 manos se tomaron tanto tiempo en amasar un pastel de chocolate.

A la salida comenzamos a caminar y a hacer nuestra la ruta de ese día, todos los días: caminata por el Quai André Citroën hasta llegar a la altura de la Estatua de la Libertad. Tomados de la mano pasamos abril, mayo, junio. Mi francés mejoró con las canciones que me enseñabas y con las historias que tu padre, una especie de agregado cultural de la UNESCO, te contaba de sus viajes y que me retransmitías de esa forma tan especial. Las vacaciones se acercaban… pero no queríamos que se acabe el año escolar.

Las vacaciones fueron largas, en un tiempo donde no había correo electrónico ni mucho menos teléfonos celulares. Sabía que tus padres habían programado un viaje a Martinique, mientras que yo andaba por Barcelona contando los días para que llegara septiembre.

Paris, XVème arrondisement, Avenue Emile Zola, College Guillaume Apollinaire, 3eme-5. Esperándote al llegar para comparar nuestros horarios y saber que clases tendríamos juntos.

Nunca llegaste.

Mi guitarra está bautizada con tu nombre, y canta conmigo aquellas canciones que me enseñabas al borde del Sena.

Y el aroma de vainilla tiene tu nombre… y tu recuerdo.

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