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Toda nuestra existencia está basada en las decisiones que tomamos… aquellas por las que decidimos hasta un instante previo.

Cada evento está encadenado a una serie de decisiones. Si pudiera retroceder en este árbol de mi vida y llegar a los momentos en que reconozco me equivoqué ¿sería yo mismo?

¿Podría haber cambiado mi vida haberle dicho “me gustas mucho” a la primera niña de la que me enamoré?

¿Podría haber cambiado mi vida haberle dicho “no quiero” a mi padre cuando quizo llevarme al prostíbulo a debutar?

¿Podría haber cambiado mi vida luchar por esa beca de estudios de arquitectura en París?

¿Podría haber cambiado mi vida no haber aprendido a jugar ajedrez?

¿Podría haber cambiado mi vida nunca haber practicado todo un verano tocar la guitarra?

¿Podría haber cambiado mi vida el no pensar que tres años no son nada cuando se está enamorado?

¿Podría haber cambiado mi vida el estudiar ingeniería industrial en lugar de seguir escribiendo?

¿Podría haber cambiado mi vida decidir que lo que me gustaba era las tecnologías de la información?

¿Podría haber cambiado mi vida, cuando le dije no al empleo que me ofrecía IBM?

¿Podría haber cambiado mi vida dejarme llevar y besarla cuando era el momento?

¿Podría haber cambiado mi vida decir que se acabó de veras y no pensar en una segunda oportunidad?

¿Podría haber cambiado mi vida hablar a tiempo y no callar?

¿Podría haber cambiado mi vida…? ¿Podría haber cambiado…? ¿Podría…?

Si, me he equivocado. Muchas veces. Una tras otra tras otra. Pero, sabes, no me arrepiento

Algunas decisiones han sido solo alegrías… como mis dos hijos.

Algunas decisiones crearon hondas heridas. Heridas que felizmente han sanado.

Algunas decisiones solo me hicieron perder tiempo en el camino.

Algunas decisiones me enseñaron a seguir confiando en el amor.

Algunas decisiones me han permitido discernir entre un “te amo” de la boca para afuera, un “me comprometo” sin convicción, un “para siempre” que dura lo que un suspiro.

Algunas decisiones me permiten seguir creyendo en Dios.

Y estas decisiones son las que ahora me dan felicidad.

La felicidad de poder ver a mis hijos de cerca, aunque no tanto como quisiera…

La felicidad de no odiar a nadie por mas piedras que reciba cada día.

La felicidad de tener la vida para poder decidir que hacer con ella…

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