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Hubo un tiempo, un tiempo en el que las cosas buenas sucedían. Un tiempo en el que era posible amar… Pero los tiempos pasan, las personas pasan, las cosas pasan. Pero… ¿no pasa el amor? ¿no llega el olvido?

Las historias se suceden sin orden, sin fin, sin principio. Una sucesión de ocurrencias de tiempos pasados y de tiempos nuevos. Que convergen, que se funden, que se vuelven mas afiladas que la mas afilada espada toledana. Y que traspasan el corazón. Historias de dos cuerpos fundidos en uno, el amor, el calor, la vida. Risa y llanto. Nacimiento y muerte.

Ahora ya no lo sé… Creía saberlo. Creía estar convencido que el amor que se sentía podía contra todo y contra todos. Creía que por mas grande que fueran los problemas todo se podía resolver. Pero ahora ya no sé.

En la encrucijada del camino que nos trae y nos lleva me encuentro. Mirando pasar el sol de derecha a izquierda. Mirando la luna crecer y menguar. Escuchando el viento soplar, y sintiendo la lluvia mojar mis espaldas. La lluvia que no logra borrar mis lagrimas.

Que si avizoro el porvenir… si. Y le temo. Me da miedo sólo pensarlo. Me atenaza el dolor de solo pensarlo. El vacío que veo es tan grande que no me hallo. Prefiero saltar y perderme en ese oscuro, que sentir la soledad de tu ausencia.

En la hora en que me encuentro veo cosas que otros no ven, percibo cosas que otros no perciben. Y trato de cerrar los ojos para no verlas y las siento en el corazón. Cierro el corazón para no sentirlas y penetran en mi alma. Cierro el alma y muero. Muero momento a momento, segundo a segundo en el que no me miras, en el que no me hablas.

Yo vivía con una esperanza… la de no olvidar… pero poco a poco los muros que rodean ese castillo se van derrumbando. Y crece en él el pasto seco de la decepción. Me resisto a olvidar. Mi corazón tiene marcada tu memoria. No lo haré por que tú no lo has hecho. Cada minuto que me aleja de ti, es imposible.

Te has marchado… la edad, el tiempo, la cruel muerte te han llevado de mi lado. Y muero contigo en el dolor de la partida, en el silencio de una casa vacía. Cada muro solo me trae el eco de tu sonrisa, de tu voz y busco desesperado tu presencia en el espejo, en la cama, en la cocina.

No me quedaré para seguir sufriendo, por que igual puedo sufrir por ti aquí que allá, que en cualquier lado. Que en donde me encuentre el dolor seguirá siendo el mismo. Partiré entonces a tu encuentro pronto. Tan pronto como acabe de escribir esta carta para quien entienda de este tormento, de esta pena.

¿Y el amor? El amor perdura mas allá del destino, mas allá de la vida. El amor, tu amor, me espera al otro lado del umbral.

Cuando lleguen a buscarme solo hallarán un cuerpo vacío. Un cadáver sonriente. Con la última sonrisa como pista para que todos sepan que te pude encontrar y que tu partida, unas horas antes, desencadeno tal dolor que no pude esperar mas para marchar a tu lado.

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