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Cuancarro_rojodo era pequeño, tenía un carro rojo. No sé como llegó a mis manos, pero si que estuvo conmigo desde que era yo muy pequeño. ¡Cómo me gustaba subir a él y deslizarme por las calles casi nada empinadas de Lima!.

El coche estuvo conmigo en Lima, luego en Arequipa, y de nuevo en Lima. Pero el tiempo no se detenía, como no se detenían mis brazos y mis piernas de crecer.

Llegó un momento en el que, por mas que quisiera seguir montado, no podía encajar mis piernas dentro del juguete. Ya no podía seguir corriendo las calles montado en él. Y entonces el juego cambió y la diversión era jalarlo, llevando dentro a mi hermana, o lo que pudiera ocurrírsele llevar a un niño, incluido el perro y las macetas del jardín. Pero no duró mucho tiempo la novedad. Jalar algo implica un esfuerzo y al final no termina siendo divertido. Así pues, tuve que dejarlo ir. Y así como apareció y llenó muchas de mis horas de juegos de alegría, el carro rojo se tuvo que marchar.

bicicleta_monarkCalculo que tendría unos ocho o nueve cuando la vi. Estaba allí parada junto a las otras. Una belleza. La bicicleta mas bonita que había visto. Allí mismo, al alcance de mis manos. Me separé de mamá y corrí a mirarla. Era una de las primeras bicicletas Monark que había visto en el recién estrenado bazar de la FAP en Aramburú. No era igual a la bicicleta de mi prima donde aprendí a montar… esta era una ¡con cambios!

Soñaba con la bicicleta. Sabía que mis papás jamás podrían comprarme una de esas. Creo que equivaldría al sueldo del mes completo de papá. Y la prioridad era la comida. Pero ese conocimiento no era motivo suficiente para que dejara de soñar, para que  todas las tardes imaginara que salía a pasear en las calles casi desiertas de San Roque con mis amigos, muchos de los cuales, si tenían bicicleta. Dibujaba estos paseos, estos lugares adonde llegaría con ella.

Regresé a la realidad un veinticinco de diciembre, cuando en Navidad me di cuenta que, si no había llegado para esa fecha, la bici no llegaría nunca. Fui feliz con Mis Ladrillos, un juego tipo Lego, que era lo que el gobierno militar de aquella época dejaba importar/fabricar y aquellos que mis papás con esfuerzo pudieron comprar. La bicicleta de mis sueños, se fue en aquel verano. Si no podía montarla, podía al menos construirla en esos pequeños bloques tipo lego.

La bicicleta -la de verdad- llegó, pero muchos años después, cuando la emoción de la aventura habían menguado.

commodore64– ¡Esa es la que quiero!
– “Te recuerdo que sólo hemos venido a ver” dijo mi madre.
– ¡Pero mamá!
– “Solo a mirar”

Y allí nos quedamos los dos mirando, en aquella oficina de la Av. Javier Prado, las nuevas Commodore 64 que estaban causando sensación. El precio, altísimo para la época, bordeaba los $2.000.

Durante el verano me había venido preparando. Había dado muchas mas clases de matemática que en los años anteriores, había logrado reunir digamos que unos $300. Estaba lejos del precio. Pero confiaba en que ese año podría comprar, con ayuda por supuesto, la Commodore.

El vendedor la sacó para mostrármela .. aún recuerdo el olor a nuevo, el pasar mis dedos por las teclas. Tenía en la memoria un par de programas en BASIC que deseaba ya meter… pero aun me faltaban los periféricos… en total, el precio se elevaba casi al doble.

La había tocado… la tenía en la punta de los dedos. ¡Qué cosas no podría hacer con ella!. Es verdad que el Atari 2600, comprado unos años antes (1982) era la sensación y que ya no necesitaba ir a las incipientes “cabinas” de juegos que empezaron a surgir en la Av. El Sol en San Roque. Pero no podía crear nada. Todo era y venía ya de fabrica. El Odyssey también me dio muchas horas de entretenimiento (y sufrimiento, porque era un sistema europeo que tuvimos que adaptar a los televisores peruanos). Pero quería “programar”. 40 IF A=10 THEN B=B+1: GOTO 80

Pero sabía que tenía que trabajar mucho mas por conseguirla. Me propuse comprarla terminando el siguiente verano. Ademas, estaba por terminar el colegio y necesitaría una “computadora” para la universidad.

Mientras yo seguía con mis sueños, el desarrollo de las computadoras iba mucho mas rápido que mi imaginación. Y mi objeto de deseo cambió de una Commodore 64, a una 286… ¡una PC! No una XT sino una AT.

Y mi querido y añorado primer amor con las maquinitas -como las solía llamar mi papá a todas, sin distinguir raza, ni modelo, ni procesador- se quedó esperándome en aquella oficina de San Isidro. Luego llegaría mi primera 286, regalo de mamá por ingresar a la universidad.

girl_chinese_v2Es raro cuando te das cuenta, muchos años después por supuesto, que tus deseos dejan de ser objetos inanimados y pasan a tener sentimientos, alma, ojos, piernas, brazos, caderas, busto. Dejan de ser un triciclo, una bicicleta, una computadora y empiezan a tener un nombre en tus noches: Akane, Amelie, Amira, Andrea, Asiri, Brisa, Chiara, Farida, Fatima, Geraldine, Harumi, Hasna, Iracema, Itatí, Jadiya, Julieta, Kaira, Kamila, Killari, Lilen, Maryam, Mihaela, Millaray, Nadia, Naomi, Nicolle, Padme, Sakura, Salma, Shantal, Valeria, Valeska, Yamila, Yanay, Yasmin.

Cada día en el que despiertas puede ser propicio para enamorarte. Y eso me pasó muchas veces. Una sonrisa, una mirada, una palabra quizá, pueden ser el detonante para ponerte a soñar (o volar).

Piensas que estás en sinfonía con aquella persona, sientes que te corresponde y te abandonas completamente al amar. A sentir entre tus manos la tibia piel del ser amado. A sentir en tus labios el beso -robado aquella primera vez-, intenso cuando no quieres despedirte, fugaz cuando el papá o el hermano mayor te miran por la ventana, triste cuando sabes que será el último. Puedes caminar junto a ella mucho tiempo, como el coche rojo. Hasta que tu creces, o ella crece y viene la despedida.

Puedes sentir que es la bicicleta que anhelabas, porque la viste una vez y te enamoraste pero sabes que no la podrás tener. Porque sus caminos no se tocan, porque es solo una fantasía, porque está casada. Porque al fin y al cabo, una persona no es una bicicleta. Y no siempre el amor dura para siempre. Y porque, quien sabe, te llegará la que quieres tiempo después.

A veces te embarcas en un viaje, pensando que te llevará al destino que esperas. Pero en el camino te das cuenta que subiste al tren equivocado. Por unos instantes piensas en que la aventura puede ser llegar a donde no esperabas. Pero sabes que tendrás que bajar en la siguiente estación sin demora, porque cada kilómetro te aleja de ese destino, y muchas veces, el camino de regreso se hace a pie. Pero no porque tu pasaporte está lleno de sellos de entrada y salida es que vayas a renunciar a amar.

Cuando llega la indicada lo sabes. Porque, ya no vas solo a mirar. Ahora pueden tocar, compartir, sentir, vivir, amar, crecer, confiar, esperar, recorrer. Cada paso que das junto a ella es una victoria para el amor. Cada pelea resuelta es otra. Cada “gracias” que le dices día a día, porque amaneció contigo, porque te esperó, porque te sonríe  porque te apoya en tus momentos difíciles  porque te preparó un café o porque no te despertó por los ruidos en la noche para que fueras a trabajar temprano sin sueño.  O sencillamente porque te escucha. Y aunque no lo entienda del todo, te entiende. Y confía en tí. Y tu confías en ella.

Porque ella se convierte en ese momento en todo lo que tuviste y no tuviste. Es mas que la suma de todos tus coches rojos, tus bicicletas, tus computadoras, tus sueños y tus equivocaciones.

¿Dejar atrás lo que no es para ti?. Si, sin temores.
¿Dejar de soñar?. No
¿Dejar de amar?. No señor. ¡Nunca!

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