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Luna, lunera. Cascabelera

– Lunatico
– Si, pero de los buenos.

Aquel cuyas locuras intervalicas son de amor

Estoy seguro que la primera vez que me enamore fue en luna llena, y ella sonreía. Y que cuando terminé alguna relación, la luna estaba mirándome desde las sombras.

Muchas, muchísimas noches he esperado a que la luna despierte y me acompañe en el insomnio de mis recuerdos y dudas.
Muchas, muchísimas noches ella ha sido testigo de mis frases sin sentido en mis fiebres de amor y de desesperación.
Muchas, muchísimas noches ha mirado discretamente hacia otro lado mientras tu cuerpo y el mio se exploraban en pasión.
Muchas, muchísimas noches ha secado mis lagrimas y me ha consolado con su pálida luz.
Muchas, muchísimas noches me acompaña, como hoy, a llenar de garabatos hojas en blanco, que luego se convierten en palabras de amor o de pena.

– Hay muchas lunas
– ¡No! es una sola, solo tenemos una sola luna
– ¡Bah!, no sabes nada mujer.

luna_tierra

y asi nos ves desde allá

Hay muchas lunas. Las hay diferentes según sea el lugar donde estés viviendo, según tu estado de ánimo, según quien te acompañe.

Nací en Lima pero de esos primeros años no recuerdo muchas lunas. Las primeras que recuerdo son las de Arequipa.

Mirando a través de la ventana de mi cuarto podía verle las pecas de la cara. Había una luna con sabor a leche de vaca. Había otra con mirada de prados de alfalfa. Y otra con cara de manzana.

Me acuerdo de las veces en que me acompañabas en los viajes de regreso de Chosica a Lima. Siempre buscabas la forma de estar de un lado o del otro de las ventanillas del bus. Siempre viajando través de los árboles. Saltando entre las casas. Tenía la impresión que no te gustaba mucho Lima, porque al momento de partir eras redonda y grande y, al llegar aquí, eras pequeña y estabas pálida. Creo que las nubes te daban miedo, porque cuando habían nubes no querías salir.

Te perdiste en el viaje que hice al cruzar el Atlántico. Por esos lares los días duraban demasiado y no salias a caminar conmigo. Y cuando oscurecía mas temprano, los edificios no me dejaban verte. Lo mejor era pasear al iniciar la noche en los jardines del Trocadéro, y verte parada allí conversando con la tour Eiffel. Meses mas o meses menos también aprendí a hablar contigo en francés. ¿comment allez vous mademoiselle? Y en francés esperaba el amanecer para ir a la escuela y volver a verla (tú sabes de quien hablo). Y mientras esperaba, amenas charlas de la vida y del amor, bien sûr.

Creo que te alegraste conmigo al saber que me convertiría en padre. Después de todo, ¿qué amigo no se alegra de la felicidad que puede experimentar el otro?. No estuviste cuando nacieron, porque estabas visitando el otro lado del mundo. Pero si supiste quienes eran en la noche al entrar por la ventana del cuarto a saludarlos con tu tenue luz. A los dos les regalaste el don de la alegría, y balanceaste la osadía con la serenidad, los arrebatos con la reflexión, el canto con el baile, la música con la voz. Gracias por esos regalos que les diste. Y porque tengo la certeza que, cuando me haya ido, tu los seguirás acompañando.

El día que mas cerca estuvimos fue en una visita a Paita. Después de todo, la luna mas linda del Perú siempre ha estado allí. Una luna con acento norteño. De una inmensidad y una sonrisa franca. Creo que no te gustaba mucho cuando salí un par de veces a pescar. Creo que consideras a los peces tan amigos como a los humanos. Total, ellos están mas tiempo en este planeta y pueden hablar contigo de cosas que nosotros no entendemos.

En Arequipa te paseabas oronda con tu amigo el Misti. Creo que estaba un poco celoso pues, decidí que luego de mucho tiempo, mi cuarto no tuviera ventanas que te dejaran entrar en las noches. A lo mejor tu también lo estabas ¿no?. Y sin embargo en esa ciudad es que volví a vivir la magia de verte adornada de ese bello manto de estrellas. Tanta luz en las ciudades, no permite ver la hermosura de tus trajes.

Nunca fuiste una luna que hablara inglés. El fast food no era para nosotros. Por eso, nunca fuiste una luna gorda en Miami. Hay tanto movimiento alli que a veces ni tiempo para verte o para conversar tenían esas personas. Sin embargo, nuestra relación se afianzó en el silencio de las noches y calmaste mi llanto muchas veces con tu silencio blanco. Siempre supe que me escuchabas y que llevabas mis ruegos y mis saludos a destino.

En el vuelo de regreso caminabas a mi lado en la ventanilla del avión. De regreso a casa, con una mochila vacia, y silencio en el corazón.

Hace un par de años seguimos en nuestra loca relación. Y es tiempo ya de sonreír. De vivir. Y cada cierto tiempo me recuerdas con tu presencia lo bello del amor, lo bello de la vida, lo bello de estar enamorado y de ser amado. Creo que tu, otra vez en tu silencio complice, te regocijas conmigo. Y sonríes, como ésta noche mostrándote bella.

Nunca me dijiste que se te habían perdido los aretes. Los hallé una mañana en la bruma mientras caminaba junto al inmenso mar. Permíteme luna que esta vez no te los devuelva. Ya tienen dueña. Y no te molesta lo sé, pues sonríes como siempre mientras nos observas desde lo alto y el eco de los besos vuelan en la noche.

 

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