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“Dicen que para amar hay que sufrir en la vida.
Dicen que para amar hay que sentir la leve herida del amor…”

Por los años 80 escuché por primera vez esta canción y quedé simplemente enamorado de la letra y la melodía: Radiomar era, creo, la única radio que pasaba salsa en ese tiempo. La letra me atrapó al vuelo y puse interés pues sabía que en el tiempo por venir, esta canción tendría mucho que hacer en mi vida. Ruben Blades y Willie Colón.

Andaba yo leyendo (para variar) algún libro en la biblioteca de una casa en Surquillo. Estoy seguro que alguien dormía en el piso de arriba. Las mujeres de la casa en el cuarto de al fondo, donde yo no ponía pie nunca. En la sala don Oswaldo escuchando música con los audífonos puestos. El perro de la casa dormía plácidamente en un mueble que era solo suyo y al que nadie podía tocar, mover o mirar: Titina era implacable con sus propiedades. Todo era silencio. Y sin embargo, en medio de ese denso silencio, la melodía y la voz se abrieron paso de alguna forma desconocida y logré escuchar al vuelo mas de la canción.

“Yo, no creo que es así
Porque estando contigo de todo lo malo me olvido y me siento feliz …”

La canción me siguió rondando el resto del año y solo la atrapaba al vuelo, ya por terminar. No la pasaban muy seguido en la radio. Y aún tuvieron que pasar muchos años para que pudiera dar con el casete de Rubén Blades y mas años aún para poder ver el video en YouTube.

En el tiempo descubrí que era un himno de un hombre enamorado que podía por fin decir que el amor lo era todo y que tenia lo que quería, lo que había esperado y que finalmente podía vivir del amor. Pero también vivi en carne propia que no todas las canciones son como la vida. Hay que luchar mucho para conseguir lo que se quiere. Hay que caer para poder levantarse. Hay que llorar para valorar la sonrisa. Hay que sufrir para poder amar.

Claro que me dirás que no todas las historias son iguales. No pretendo que lo sean. Cada uno es libre de elegir la forma de vivir su amor. Y yo no quise vivirlo de acuerdo a una canción de mi adolescencia.

“Y puedo vivir del amor,
Sin pena, ni dolor
Y puedo vivir sin pensar que voy a llorar…”

Hay momentos en los que crees que puedes vivir del amor. Pero aun en el amor, existe dolor y existe pena. Existe renuncia y existe olvido. Y existe llanto. Tu puedes elegir como hacer que ese amor te sostenga. Mientras mas te entregues, mas feliz, pero también mas riesgo de que duela. Nunca empezamos una relación esperando que duela, pero las renuncias por amor son un dolor que abona la flor de la esperanza, la que florecerá al día siguiente. La de la espera y la confianza. La de la dicha. Renuncio a mi yo egoísta. Duele. Renuncio a aquello que no te hace feliz. Duele. Renuncio a mi mismo. Duele. Pero como te dije es un dolor sano. Que tiene su recompensa en un amor fuerte, bonito, prospero, puro.

La balanza se equilibrará solo si ambos comparten la misma canción. Si no es así, el mismo peso de tu amor hará que caigas al vacío desde lo mas alto. Y desde donde duele mas.

“Por el amor aprendí que todo es alegría
Porque llegaste tu y alumbraste al alma mía con tu luz
Y ahora me siento dichoso, todo me parece hermoso si estás junto a mi
Hoy sé que es así…”

El amor llega. A los 20, a los 30, a los 40, o quizá después. Pero siempre llega. Si estás atento a su llegada lo podrás sentir, lo podrás entender, lo podrás cuidar. Te enamorarás de una forma o de otra, pero lo harás. Entregarás y sacrificarás y seguirás amando, y el amor se hará mas fuerte, mas sólido, mas profundo. Las letras irán creciendo en tamaño. Ya no será solo amor, sino AMOR. Porque quieres que crezca, que no mengüe. Y tendrás la certeza que ese es el amor que esperabas, que buscabas, que anhelabas.

Te puedes equivocar. Mi deseo es que sea el primer amor el que te llene por completo y que viva contigo para siempre. Pero también que la segunda oportunidad que te dan se convierta en ese primer AMOR. ¡O la tercera, o la cuarta, o la quinta! ¿Quienes somos para creernos infalibles? Lo importante es que, una vez que lo tengas, no lo dejes marchar. Que lo abrigues cuando tenga frío. Que lo arrulles cuando tenga sueño. Que lo acaricies cuando le haga falta, y cuando no también. Que le obsequies una gran sonrisa en la mañana, en la tarde y en la noche. Que le demuestres que te interesas por él. Que sienta que lo alimentas y que crece.

“Llegó la guagua que yo esperaba
Dice ruta felicidad… ”

La guagua (el microbus) de la felicidad pasa por tu puerta cada mañana. Pero solo se detiene en los paraderos autorizados. A veces está a media cuadra de tu casa, a veces a un par de kilómetros. Pero si buscas la estación de parada, la vas a encontrar y vas a ser feliz.

La felicidad es un camino constante. No es que la encuentres y la poseas y es tuya para siempre. Tienes que vivirla, tienes que caminar con ella, viajar con ella. Compenetrarte con ella. Búscarla sin desmayo.  El camino no es llano. Tiene subidas y bajadas, paradas. A veces vas por un camino asfaltado, o vas dando tumbos en un camino de piedras. Pero mientras sigas andando montado en la guagua de la felicidad serás feliz y harás feliz a uno o a muchos.

Y a casi 30 años de haber escuchado la canción la felicidad me sigue acompañando. Ha llegado el bus, me he sentado y esta vez no me pienso bajar. ¿Viajas conmigo?

guagua_felicidad

 

 

 

 

 

 

Enlace: http://youtu.be/fGVuKFCV394

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