Tenía que intentarlo. A lo mejor si te llamaba por teléfono aceptabas y podía pasar a verte. Si no hacía el intento podía dejar pasar, otra vez como siempre, la oportunidad de verte y hablarte. 

Mientras decidía en mi mente la mejor forma, el taxista me preguntó por segunda vez donde me dirigía. Sin prestarle atención le di una dirección y las indicaciones donde llegar. 

En el camino recordaba como desde que era pequeño habíamos tenido diferencias. Tu querías que las cosas se hicieran de una sola forma y yo, siempre necesitaba de una explicación, de un porque. A veces creía que me escuchabas porque por un tiempo hacíamos las cosas bien. Pero luego, inevitablemente el conflicto surgía. 

Creo que no sabíamos como compartir tiempo juntos. Aunque estuviéramos destinados a hacerlo. Quiero pensar que por estar enfermo la mayor parte del tiempo no compartíamos los mismos intereses. A ti lógicamente te gustaba el fútbol,  y el basquetbol. No sólo verlo por televisión sino también jugarlo. A mi al principio no. Pero dado que leer libros no era lo tuyo empecé a interesarme por tener de que hablar contigo. 

Tampoco era lo tuyo subir a las montañas rusas. Como me hubiera gustado sentarme contigo y disfrutar esos dos o menos minutos que duraba el paseo en la Feria del Hogar. 

Yo aprendí a jugar ajedrez. Pero tu no tenias tiempo y no pudiste,  o no quisiste aprender. Solo una vez te sentarte conmigo a escuchar como se llamaban las piezas. Pero nunca jugamos. 

Un día me pediste que te ayudará en el trabajo. ¡Como me sentí importante! Recuerdo que solo tenia que poner unos números en un formulario. Pero no importaba que fuera aburrido. Estaba contigo y pasábamos tiempo juntos que era lo más importante. 

¿Por que pensabas que hacía las cosas con lentitud? Lo que no entendías es que si las hacia rápido regresaríamos más pronto y no compartiríamos ese tiempo valioso. 

Quise hacer muchas cosas que me pedías. Traté de ser lo que no era. Traté de mirar a un lado fingiendo no ver las cosas que nos pasaban. Al final, como era lógico, discutimos. ¿Cuanto tiempo estuvimos peleados?¿Días, semanas, meses? Para mi fue una eternidad. Pero lo mejor fue que nos reconciliamos y volvimos a hablar y a tratar de componer las cosas. Nunca te juzgué, como me reclamaste. Fue tu decisión. Y también fue la mía. 

Pero ni tu ni yo sabíamos cómo decir las cosas. Tú no hablabas y yo tampoco expresaba mucho. 

El volver aquí me trae muchos recuerdos. Felices y tristes recuerdos. 

Mientras sigo inmerso en mis recuerdos la realidad, en forma de taxista, me reclama que ya llegamos a destino. Miro por la ventana y estamos frente a tu casa. Tengo ganas de preguntar al taxista porque me trajo hasta aquí. Si yo solo quería hacer una llamada telefónica y preguntar si podíamos vernos. Pero no lo hice. Pagué la tarifa acordada y me quedé parado en la puerta con la única maleta que tengo. 

Toque el timbre a pesar de tener las llaves en mi bolsillo. Esperé que tu paso cansado cruzará todo el jardín y preguntará quién era. Y como siempre tu abriste la puerta sin preguntar primero. 

– Buenas noches papá. Vine a verte y a conversar contigo. Vine para saber cómo estás. Vine porque ahora entiendo muchas cosas. Ahora que también soy padre te entiendo. ¿Puedo pasar? 

Me miraste sorprendido. Me abriste los brazos de par en par y me diste un gran abrazo. Me invitaste a pasar a nuestra casa. Aquella que compraste con mamá y que fue refugio nuestro por más de 20 años. Los olores trajeron más recuerdos,  los colores que no cambiaron nunca, nostalgias. El aguadito que me brindarte esa noche los recuerdos en borbotones por todos los años en que cada domingo que estabas en casa,  preparabas el desayuno. 

En medio de la conversación a mitad de la noche,  tus ojos cansados por la edad pedían ya un descanso. Me armé de valor y te dije lo que tantos años callé: papá,  gracias por toda la vida que me has regalado. Hemos tenido grandes y pequeñas diferencias y peleas. Hemos compartido poco tiempo, menos del que hubiera querido. Pero tengo que decirte algo muy importante. Papá, te amo. Y te digo te amo porque es la única forma de sentir y porque es la primera vez que te lo digo y porque… No me dejo terminar. Me abrazó fuerte y me dijo que él también sentía lo mismo. Pero que no sabía como decírmelo.

Lloramos juntos. Y lavamos con esas lágrimas todos esos años de diferencias, años de malos entendidos y de separaciones. 

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