Cuando pequeño diciembre significaba tres cosas: que se terminaba el colegio y había que esperar tres meses para volver a tener un cuaderno en las manos más nuevos libros que leer y, que empezando enero la peregrinación a la playa empezaba, y con ella las subidas y bajadas de la Quebrada de Armendariz y por último, que llegaba navidad.

Si lo piensas detenidamente, para alguien que no jugaba en la calle, que prefería un buen libro para pasar el rato y a quien le encantaban las tareas del colegio, diciembre era bien aburrido.

Por otro lado, el verano oficialmente empezaba en enero y pues, se podría lidiar con el prospecto de subir y bajar a la playa a diario en unos días mas.

Pero de lo que no podías escapar era de la navidad.

Empezando octubre yo veía como mi mamá empezaba a trabajar extra. Empezaba a hacer mas negocios, mas ventas, mas cobranzas, mas quedarse hasta tarde en la noche ya sea cosiendo o bordando o haciendo muñecas o cardando rafia para individuales navideños. Mamá sí que trabajaba mas en navidad.

Antaño era costumbre mandar tarjetas de navidad a la familia y a los amigos. Mamá trabajó también vendiendo estas tarjetas. Las tarjetas estaban todas en un folder gordo, agrupadas por precio, por mensaje, por colores, por diseños. Letras de oro, plata, ébano. Churriguerescos ángeles, estrellas de Belén, pastores, San José con María la virgen y Jesús niño. Me imagino que mamá caminaba mucho con el folder bajo el brazo, primero porque no teníamos auto (un lujo para la época y el sueldo de papá), después porque había que tomar buses para ir de un sitio a otro a vender. Ir de regreso a la imprenta, hacer el pedido, regresar a recoger el pedido y luego a entregar el pedido. Entonces ya tenemos la primera idea: navidad igual trabajo.

Navidad también era el tiempo en el que papá trabajaba mas. Porque la verdad es que lo veía menos. Que yo haya sabido a él no le gustaban las tarjetas de navidad porque nunca lo vi yendo con mamá a venderlas, o a entregarlas. Supongo que trabajaba más porque ese era el tiempo en que tenía mas guardias nocturnas. Me imagino que siendo militar era un deber que cumplir. Y también creo que trabajaba más porque mamá esperaba que nos durmieramos para discutir con papá sobre su trabajo: ¿dónde había estado?, ¿dónde se iba el dinero? ¿con qué se podía comprar algún regalo para nosotros?. Entonces si ya tenía la idea de que navidad era igual a trabajo, la siguiente idea era que navidad igual a discusiones.

Por eso, desde siempre supe que eso de Santa Claus o Papá Noel era un cuento para que nos portáramos bien y que simplemente el esfuerzo de mamá y de papá se traducía en regalos, no digo juguetes, porque a veces era mas importante tener ropa que tener un carrito o una bicicleta con que jugar.

En casa, navidad tampoco significaba tiempo de armar el árbol. Es cierto que teníamos arbolito de navidad. Pero a mi me gustaba pasar el tiempo tratando de armar el Belén o nacimiento navideño. Mamá era de la idea que cada año tenía que aumentar algo al nacimiento así que siempre había aunque sea un detalle del año anterior. Entre lo que recuerdo eran los habitantes del nacimiento estaban las figuras de los patitos de plástico en su estanque de espejo, las muñecas cantoras con cuerpo de cartón y cara de plástico -seis en total una vestida de rojo y las otras de verde navidad-, ovejas o carneros, animalitos de la granja como pavos, chanchitos, vacas, conejos, y un gallo gigante que era el que cantaba cada mañana.

Para armar el nacimiento había que pensar primero dónde (en qué esquina) y cómo (usando una mesa o cajas) se podía poner para que el cerro de papel pintado, que podía ser de una bolsa de azúcar o una bolsa de cemento yura de 50Kg, tuviera las suficientes superficies planas para el establo y las superficies rugosas para el resto de animales.

Todos los habitantes estaban reposando once meses en sus respectivas cajas las cuales, llegado el momento, se tenían que desempolvar y tratar con mucho cuidado para que no se rompa el contenido. Y la discusión con mi hermanita era por saber si ella o yo poníamos el gallo o la estrella en el establo o en la punta del cerro mas alto. Para este momento navidad era igual a trabajar en equipo.

En los tiempos buenos llegaba el panetón. Ese dulce pan con pasas y frutas confitadas. Pan de engordar, acompañado de leche con café o chocolate en taza. Con mantequilla. ¿Cuál era el mejor? Creo que no había mucho de donde escoger: O Motta o D’Onofrio. Ambos en caja, como manda la tradición. Ya desde ese entonces me preguntaba porque si ya empezaba a hacer calor en Lima teníamos que beber chocolate caliente. Porque Papá Noel se tenía que vestir con esas ropas rojas, gruesas con piel si en Lima hacía tanto calor. ¿Se sacaba la chaqueta para ir a la Selva?… Hasta que pues, si no existe, porque me preocupo mas. A veces había que esperar tiempo extra para poder tener un panetón en casa. Una semana antes de navidad ya era bastante bueno. A veces el panetón estaba presidiendo todas los lonches de media tarde sentado en lo alto del refrigerador esperando que llegue la cena de navidad para sentarse a la mesa con nosotros. Navidad también era entonces esperar con paciencia. Y eso que durante esos años no hacíamos la corona de adviento, en la que cuatro semanas antes de navidad ya se anuncia el nacimiento de Jesús. Esa es otra historia de tiempos presentes.

Conforme llegaba la fecha el ambiente se sentia mas “navideño”. Las personas en las calles parecían más amables. Las señoras vendedoras del mercado hasta te regalaban un poco mas de yapa en las compras. Los que dejaban la leche en las mañanas en la puerta de la casa, solo dos botellas por favor, no hacían tanto ruido. Los basureros venian mas limpios, quizá esperando ese regalo de ropas o un juguete no tan usado para sus hijos, tocando el triángulo de metal que anunciaba su llegada de manera festiva. Se compartía mas que una sonrisa. Una semana antes de navidad o quizá un poco antes, mamá nos sentaba y nos decía quien era el invitado de navidad. Siempre trataba de invitar a quien tal vez estaba solo, a quien la situación económica no lo habia ayudado mucho ese año. Siempre tenía un regalito con su nombre aunque sea una cosa muy pequeña. Y siempre nos decía que navidad es compartir. Asi sea que compartas tu alegría para que el otro pueda sonreír. Otra idea de diciembre es que Navidad es igual a compartir. No como ahora, que parece que todo se ha convertido en comprar desquiciadamente para regalar y que esos regalos son lo que significan compartir.

Algún año hubo en que no había cena en casa y éramos nosotros lo que estábamos invitados a cenar en otro lado. Muchos mas años no hubo juguetes pero si ropa. Un par de años papá no estuvo en la cena navideña y mamá estuvo muy triste y nosotros también. Otro año pasamos la navidad en una base militar. La noche de navidad fue esperar las doce para despertar al niño en el pesebre, para tomarnos de la mano y orar juntos. Para que papá cantara el único villancico que sabía: a la huachi huachi torito, torito del portalito. Pudo faltar todo o tener de todo, pero siempre y por encima de problemas y alegrías, navidad fue – y para mi sigue siendo- Jesús.

Navidad podía ser entonces sentirse acogido, sentirse rico sabiéndose amado, sentirse triste también, pero nunca solo. Porque el trabajo, las discusiones, la unidad del equipo, la espera, el compartir, la tristeza, la alegría, todo es parte de la navidad. Es parte de estar vivo. Temprano aprendí que lo importante no era que tan grande sea el nacimiento ni que tantas luces tenga el árbol, tampoco que tan grande sea el pavo o cuantos panetones tengas en la alacena. Ni es importante si recibiste uno, diez o ningún regalo. Lo importante es sentirse bien con uno mismo. Es estar vivo y sentirse vivo. Y entender que si no fuera porque hace muchos años nació Jesús en Belén, para nuestra salvación, no tendría mucho sentido diciembre. Puede que no creas en un Dios. Puede que creas en alguna forma de divinidad y está bien. Lo importante es que si aprendiste a compartir, siendo rico o pobre, tu corazón te lo va a agradecer y los demás también. Como yo agradezco a mamá y a papá lo que me enseñaron sin saber que me enseñaban desde el corazón.

Empieza diciembre… ¿qué vas a hacer en este mes?

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